martes 12 de octubre de 2010

WINÉTT DE ROKHA

Winétt De Rokha (Santiago, 1894-1951): Notable poeta chilena; casada con Pablo de Rokha, fueron padres de una numerosa familia de artístas. Madre abnegada y comprometida con las luchas sociales de su época publicó los libros: “Lo que me dijo el silencio” (1915); “Horas de sol” (1915); “Formas de sueño” (1927); “Cantoral” (1936); “Quiromancia” (1943); “El valle pierde su atmósfera” (1951), año en el que fallece de una dolorosa enfermedad. Tras su muerte, su esposo publicó “Antología” (1953) en el que recoge toda su obra poética, escribiéndole además un hermoso libro de homenaje titulado “Fuego negro” (1953).

Sobre su obra, expreso el crítico Juan de Luigi: “La vida por sobre todas las añejas influencias, fue la gran forjadora de Winétt de Rokha” (...) “formó su arte a través de sus trabajos de mujer, de esposa y de madre; no a pesar de ellos, sino por ellos y con ellos tal como el pueblo, a través de su trabajo, y no a pesar de su trabajo, creó su técnica y su arte; se realizó plenamente en sus múltiples aspectos sin más fricciones que las incidentales, que las triviales y cuotidianas; no fué artista a pesar de ser mujer, sino por ser mujer; a pesar de ser esposa, sino por ser esposa; a pesar de ser madre, sino por ser madre; la falta de cualquiera de estas realizaciones habría influido indudablemente en su arte mutilándolo, tal vez agrandándolo, pero quién sabe si en forma mórbida; no existiría la amplitud que la distingue de todas. Y el arte de ella no fué ni el pasatiempo, ni la distracción, ni la evasión; esas formas pertenecen a los que luchan o viven o medran en las filas de los que han perdido contacto con el pueblo y con sus luchas; son las plantas de macetero, las flores de jarrón, los arabescos en un álbum, las puestas de sol en las postales, los bordados en los almohadones, los cantos al amor perdido. Son el arte sin el arte. El arte de Winétt, la poesía de Winétt, su lucha creadora son tan necesarias en ella como sus demás realizaciones. Las realizó como amamantó y cuidó a sus hijos y guisó la comida para su marido; funciones todas que sólo a los necios pueden hacer sonreír y sólo los estólidos pueden creer opuestas a la creación artística”.


CABEZA DE MACHO

La mancha trágica de tus cabellos,
encarna un mar fascinante y entenebrecido.

Albea tu frente magnífica, escrita de surcos,
y tus sienes como dos azucenas puras.

Tus cejas y tus pestañas interrogadoras
recogen la esmeralda enferma de tus ojos.

Se destaca en la oscuridad del fondo
tu nariz de águila meditativa.

Tus labios destilan dolor y pasión
y están maduros para el beso.

Piedra con alma, sonríe tu cara de ídolo
dormida en la canasta de rosas de mi pecho.



TRAYECTORIA COTIDIANA

El alba me iba ofreciendo en racimos,
sus copas de perlas lívidas;
engarzadas en el collar del viento
refrescaron mis senos desnudos.

Habíase paralizado el silencio
en torno a la ciudad caótica;
yo sentía temblar las raíces dormidas
de los árboles, en mi corazón.

En su vestido de baile, la aurora
lucía aún pálidas estrellitas;
una ráfaga imprevista cambió el rumbo
de sus ideas a la arboleda pensativa.

¡El sol!
El paisaje quedó transfigurado,
y hubo un tartamudeo
de balidos, de trinos y de bramidos...



RUEDA DE FUEGO SIN LÁGRIMAS

Era el tiempo inmóvil de la flor del jacinto;
(cuando yo era como las manzanas).

Y tú viniste, como todas las cosas,
que se encienden en el universo:
las tempestades, las sombras de la vida.

Y sin embargo...
venía tan nueva la composición de caminos de bronce
que andabas edificando.

Mirándote me conocí, amándote, oh! amándote
encontré el evangelio
de mi alma, ya cansada antes de ser.

Y sigo inquiriendo, y sigo esperando
arrancar de tu espíritu la razón de mi angustia;
sabiendo que me has dado todo lo que me trajiste de la muerte,
sabiendo que defines mis pupilas de carbón de piedra,
sabiendo “que moriré llamándote”...



CARCOMA Y PRESENCIA DEL CAPITALISMO

Frío plano, de exactas dimensiones,
el siglo XX cabe en una cancha de tennis.

En mesitas de café-concierto,
entre pajillas, whisky-sowers y cigarrillos egipcios,
la mujer contemporánea
borda corpiños de seda negra.

En el paddock,
al compás de la música loca de un jazz-band,
las mujeres y los caballos se pasean.

Del brazo de Pablo de Rokha,
intervengo en el ritornello
mundial de las muchedumbres.

Ilustrando mis poemas
con perspectivas de paperchase,
con sweaters cuadriculados de sportman,
y humaredas de inquietantes locomotoras,
soy la Eva clásica del porvenir.

Astral y sensitiva, horado
en aviones románticos,
el azul de las golondrinas perdidas.



FLOR DE LA ESPAÑA

Mantilla de sol de negro,
lujuria-clavel-peineta de bailarina.

Moneda de toros de España,
sangre de cobres gitanos,
cruz de naranjas, con el corazón embravecido,
acoge mi golondrina popular,
y este pañuelo de obrera en cántaros de poesía.

Tu precioso puñal de diamante, sagrario y soneto de raza,
ya no está en la liga de tus manolas,
sino en la garganta vendida del traidor fascista.

¡España de blanco y negro!

Estranguladora del capitalismo,
sonanado entre banderas rojas.



ARAUCANÍA

Por caminos de sangre, a la huída de la luna
se arrastran las madres araucanas, con la explotación a la espa!da:
el crepúsculo capitalista las azota como un látigo
pisando tierras muertas, tierras rojas, tierras negras.

Joven guerrera de ayer, entera mujer de Araucanía,
tu inmenso atado de pena, corno la muerte pesa,
abrigándose en tus trenzas de oscuridad milenaria.

En las rucas que parecen palomas echadas,
el fuego alumbra los rostros amarillos del pasado,
el fuego araña los lomos infinitos del cansancio,
las manos como sarmientos, que rasguñan, persiguiéndose,
entre el canto de color que cae de los telares.

Murió la canción del copihue sangriento, flor de volcanes,
la canción que jugaba con la tempestad entre los bosques azules,
ya está helada entre dos soles de Abril y entre dos rifles.

Cuando la tarde se ensancha y atemoriza el ganado,
como un lago amargo,
la india sale a contemplar su tristeza,
la trutruca oscura y honda da la nota trágica al alma,
y ella suspira para los ojos de] antiguo guerrero.

Ya de la raza heroica es el heroismo su rastrojo,
pero la bandera de su juventud la levantan
viejos caciques rojos,
unidos al clamor nacional
bajo el signo santo y monumental
de la hoz y el martillo.



CONSTRUCCIÓN DE ABRIL

Tempestad rural escanciada en suertes de aluminio,
ríos desordenados,
botellas de zafiros,
tiempo amarillo, exacto, limitado, rígido,
implacable.

Horizonte gris - coral, líquido, solo,
silencioso;
paliduchas, frescas estrellas que no se caen,
perros tuberculosos diluyendo perfiles
en ladridos de sangre.

Desde mi vientre echo a volar murciélagos y choroyes,
murciélagos para que la noche se transfigure en alas,
choroyes para que el grito del día reviente en la torre.

En mis oídos una flecha muy fina
deposita el moscardón ojival de la pereza.

Documento sellado con escudos mohosos
plantas aborígenes, ojo de fuego,
magos y adivinos con escarpín,
entre mis dedos el chuncho y su pufial de diamante.

Botón tardío de rosa azumagada
fragante a rocío impenetrable.

Reducto forestal, pajarera estridente y sencilla,
cuna, donde un caballo y un arado
hieren el firmamento convulso,
pinacoteca de gallinas en rumor caminadas.

El marco giratorio de este balcón, arropa
ese feroz paisaje de ceño taciturno,
riesgo de flautas en la lengua del día,
enajenando el tiempo van violentas las aguas.

Gentil araña, sopor del alero carcomido,
ufana su castillo blanco de sedería, antiguo,
reinado que se aisla, vaporoso
cruzando la frontera de los hielos hirsutos.

Cañaveral frenético y sonoro,
lirio azul oriental,
aire que corroe la entraña del guiñapo
en lo vencido y roto de su esqueleto rojo.

Forma de semillas podridas
en una misma y única sola copa
junto a tiernos claveles pensativos,
abrazada a la sombra de un muro entre la niebla
donde siete alhelíes absorben el destino.

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